Algo pasa con la prensa ::

Es evidente que algo está pasando con la prensa. La crisis mundial no ha hecho más que evidenciar un problema que ya existía. El modelo de negocio convencional de los periódicos comienza a ser un lastre que lleva a pérdidas cuantiosas y a plantear serias dudas a nivel global sobre la supervivencia de la edición impresa tal y como la conocemos.

Pequeñas noticias se van sucediendo cada vez con mayor regularidad, noticias que hablan de escasa salud de los diarios en general y de una precaria adaptación a los mercados digitales. La pregunta es si veremos pronto periódicos nativos digitales (no duplicaciones online) basados en una infraestructura totalmente diferente.

Aunque se trate de medios distintos (no es lo mismo un periódico, que genera noticias, y un agregador, que las referencia) sorprendería a más de uno comparar el nivel de visitas de Menéame o Digg con el de los periódicos online, si hablamos de sitios a los que el usuario acude para acceder a la información.

En un artículo reciente donde Juan Varela habla de la demanda de subvenciones por parte de los periódicos, apunta:

Más de 6,4 millones de personas leen diariamente prensa digital y representan ya el 47,5% de los lectores de prensa tradicional.

Y continúa:

Los diarios españoles verán descender sus resultados operativos más de un 90% en 2008, de 364,6 millones en 2007 a 35,36 millones.

La cosa parece grave. The Atlantic especula con que el New York Times podría venderse, dado el volumen de las deudas que arrastra frente a la crisis crediticia actual.

La Asociación Mundial de Periódicos suspende su encuentro anual (el mayor encuentro a nivel internacional de editores y directores de prensa) porque con la crisis resulta inviable (sería interesante profundizar en la cada vez más frecuente desaparición de macroeventos).

También desde 233 grados, donde se sigue el tema con interés:

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape), Magis Iglesias, ha señalado que en los últimos tres meses unos 3.000 periodistas han perdido su empleo, a los que se suman otros despidos disfrazados de final de contrato o de prejubilaciones.

Jeff Jarvis recuerda que ya antes habían desaparecido oficios del sector “los cajistas hace tiempo que han desaparecido, al igual que los montadores, y los linotipistas, y los empaquetadores (los que ataban los fajos de diarios), y los copy boys o chicos de los recados” y que les seguirán “los operarios de imprenta, los camiones de reparto, los redactores de anuncios clasificados, los maquetadores, y más”.

Y entre el ruido, noticias de esperanza construidas sobre información distorsionada: El LA Times paga todos los sueldos con su edición online, pero después de despedir a media plantilla y de vender forzosamente la publicidad en paquetes papel+digital como única opción, según parece.

El caso de generar más de un millón de dólares al año con la edición Kindle todavía es anecdótico, y puede resultar muy atractivo para un negocio nativo digital pero nada significativo para los costes que arrastra un periódico basado en el papel.

El Sun Online, por su parte, ofrece resultados muy positivos: el pasado diciembre superó los 18 millones de usuarios únicos.

En Francia sin embargo anuncian un plan de rescate que da risa, cientos de millones de euros despilfarrados en alargar la agonía que incluye medidas como el “regalo de una suscripción anual a un periódico a los jóvenes que cumplan 18 años para acostumbrarlos a leer prensa impresa“. Sobran las palabras. Deberían consultar un mapa.

Google por su parte lo ha visto claro y cancela su proyecto para gestionar publicidad en papel, centrándose en su terreno, el mercado digital.

Volviendo a España, esta semana leímos que El País lucha contra este escenario con un vuelco en su organización interna. Tras una serie de cambios espera que su nueva redacción se dedique esencialmente a producir contenidos, y éstos se servirán en ediciones online, de papel o para móviles según convenga.

Parece un cambio coherente para afrontar los nuevos tiempos. No tiene sentido disponer de una redacción “a la antigua” para el papel y una empresa que clone esos contenidos en Internet. El cambio que anuncian supone un único centro de creación de contenidos sobre una plataforma central capaz de servirlos en distintos soportes según convenga.

Seguiremos atentos la evolución de este escenario y las iniciativas que puedan surgir como modelos alternativos en el mercado digital…


Publicado por Alberto Cano - 25/01/09

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