De plataformas digitales ::

Publicado el 13/05/10

Hace poco más de un año publiqué en otro sitio un artículo titulado “Tiempo de actuar” en el cual apuntaba, con cierto grado de optimismo, la sensación de que algunas cosas empezaban a moverse en la industria editorial española y que “2009 podría señalar el principio de una migración hacia modelos digitales”.

Este acceso de optimismo (o wishful thinking, tal vez) se fundaba en algunas iniciativas surgidas a finales del 2008 que inducían a pensar que por fin se abría el panorama; iniciativas como (cito literalmente de mi propio artículo) “la reciente aparición de plataformas que reúnen a diversas editoriales para aprovechar sinergias y “hacer juntos cosas que separados sería imposible”, como es el caso del proyecto Contexto, formado por siete editoriales independientes repartidas por toda España” o “el proyecto de Edi.cat que agrupa a varias editoriales independientes de lengua catalana y que declara entre sus intenciones “la creación de una plataforma web 2.0, la digitalización de contenidos editoriales, la impresión bajo demanda y el lanzamiento de un portal para la venta de ebooks”.”

Eso era entonces. Ahora pienso que la realidad, como tiene por costumbre, ha quedado por debajo de las expectativas.

2009 ha sido sin duda el año de las plataformas digitales. En este tiempo, el impacto digital en la industria editorial tradicional se ha concretado casi exclusivamente en la aparición de unas cuantas iniciativas comerciales que hasta ahora comparten el mismo modelo de negocio.

Es cierto que ya existían algunas desde años antes, como Libros en Red o Todoebook, pero la característica común de las recién llegadas es que tienen su origen en el mundo editorial tradicional.

Así, después de Edi.cat hemos visto llegar edibooks, Amabook, leqtor.com... y seguimos pendientes del esperado lanzamiento de la plataforma promovida conjuntamente por Planeta, Random House y Santillana.

Sin embargo, no alcanzo a ver que estas nuevas plataformas de distribución de libros digitales encajen demasiado con la etiqueta “Web 2.0” ni que representen un verdadero adelanto en la evolución del libro hacia esas nuevas formas que se intuyen. Me parecen, por decirlo simplemente, iniciativas “cortoplacistas” con escasas posibilidades de permanencia a medio plazo, al menos bajo su forma actual.

O por decirlo de otra manera, las veo a todas (al menos en estos momentos) lanzadas por el mismo camino que veintinueve.com.

Para quienes no lo recuerden, en el 2001 la editorial Planeta lanzó un portal para la venta de “libros electrónicos” llamado veintinueve.com que pretendía aglutinar la producción de múltiples editoriales y que apenas duró un año, pero que aún mantiene una presencia en la red. (Más información en Baquía.)

¿Cuáles fueron las causas de ese fracaso? ¿Se han tenido en cuenta y corregido los errores en estas nuevas plataformas?

Se adujo entonces que aún no existía un mercado para los libros digitales, y es verdad que las cosas han cambiado; sin ir más lejos, ahora tenemos los lectores de tinta electrónica que entonces no existían, y tenemos el formato Epub.

También es probable que influyera en el fracaso el elevado coste del proyecto (se habló en su momento de 800 millones de pesetas), que para ser rentable a corto plazo requería unos ingresos poco realistas. Ah, si Amazon hubiera sentido esa imperiosa necesidad de “ser rentable a corto plazo”… ¿quién los conocería hoy?

Por mi parte, aun reconociendo el peso de los argumentos anteriores, tiendo a creer que la causa principal de que veintinueve.com no arrancara fue que intentaba trasladar el modelo de negocio convencional al entorno digital de un modo mimético, ofreciendo al consumidor libros electrónicos a un precio similar al del libro en papel y cargados con un DRM muy restrictivo.

Ahora las nuevas plataformas ofrecen sus libros en formato Epub en lugar de PDF y han cambiado el DRM de Microsoft, del que ya no oímos hablar, por el DRM de Adobe. Aparte de eso, el concepto subyacente, el modelo, sigue siendo el mismo.

Es decir: no veo que estas iniciativas representen un avance hacia nuevas formas de entender el libro y la industria del libro en una era marcada por lo digital, un avance que, según lo expresa lúcidamente Shatzkin, sin duda pasa por dejar de pensar en contenidos y mercados para empezar a pensar en redes y bases de datos.

Se podría recurrir aquí al ejemplo de Amazon como caso de éxito de un modelo similar, pero no es en absoluto comparable, por razones evidentes. En primer lugar, Amazon partía de una amplísima base de usuarios altamente fidelizados, con una poderosa red de afiliados; Amazon controla no solo la venta de los libros digitales en un formato propietario no estándar, sino también el propio dispositivo de lectura, que se conecta gratuitamente con la tienda; Amazon subvenciona los libros que vende, hasta el extremo de no ganar dinero en algunas ventas, para poder ofrecerlos al precio que ellos juzgan conveniente… En suma, Amazon ha creado un sistema cerrado que controla por completo. Y aun así no creo que su modelo pueda mantenerse indefinidamente.

No, por lo que estamos viendo hasta ahora, más bien parece que estas iniciativas se rigen por los mismos parámetros que la industria del libro impreso y comparten una estructura muy semejante en su cadena de valor. Desde este punto de vista, las nuevas plataformas de distribución y venta digital podrían entenderse como un intento de asumir la función (y con ella los ingresos) de los distribuidores tradicionales, que ciertamente se han borrado ellos mismos del panorama.

¿Será esta su intención? Quién sabe. En cualquier caso, no creo que el futuro vaya por ahí. Me parece dudoso que esta función de “distribuidor digital” pueda encontrar un espacio sostenible a medida que se vaya definiendo el nuevo ecosistema del libro y la lectura. Y razones para pensarlo las hay en abundancia: véase, por ejemplo, Cómo prosperar en un mundo en red.

Pero, en fin, aun suponiendo que lo escrito hasta ahora no sean solo divagaciones infundadas, cabría pensar que la aparición de las plataformas digitales ha tenido al menos un efecto positivo, en la medida en que ha motivado a los pequeños y medianos editores para que empiezan a digitalizar su fondo en el formato adecuado.

Porque eso es bueno, ¿no? Hay que digitalizar el catálogo y, después de todo, el Epub es el MP3 de los libros y el formato con más garantías de futuro, ¿verdad?

Pues bien.., en principio, sí. Eso es lo que venimos diciendo aquí desde hace tiempo y lo sigo creyendo. Pero hay que matizarlo, hay que matizarlo bastante, y este será el tema de mi próximo artículo.


Publicado por Jordi Mustieles - 13/05/10

Comentarios [4]

1 Julieta Lionetti - 24/05/10 a las 18:08:36

Excelente artículo, Jordi.
Recuerdo perfectamente el 2001, porque por entonces estaba como asesora en una iniciativa independiente, BroadEBooks, que duró un poco más que veintinueve.com solo porque los independientes somos más duros de pelar.
Una de las causas detrás de todo aquello fueron dos informes que los inversores, tanto en un caso como en el otro, leyeron a pies juntillas. El de las consultoras Andersen y Forrester. Los informes eran de los más irracional que he leído jamás y hacían proyecciones a cortísimo plazo basadas no se sabe en qué. En tres años (era el plazo mágico por entonces para un business plan) todo el mundo leería en las pantallas de sus PDAs y el .lit de Microsoft era la panacea de todos los males.
La experiencia veintinueve.com, como la menos conocida de BroadEbooks, no tuvo modelo de negocio innovador: fueron corderos siguiendo la campana de unos analistas que fomentaban la burbuja dotcom.
Y ahora, ¿estamos frente a una nueva burbuja?

2 Jordi - 27/05/10 a las 10:58:10

Hola Julieta, encantado de verte por aquí… Te copio una cita de Le Monde en la línea de lo que estamos hablando:

“La situation actuelle est le point d’aboutissement de plus de dix ans d’attentisme et d’aveuglement. En refusant le web et son ouverture par crainte du piratage, en tentant de clôner le livre imprimé – sa représentation, ses usages de lecture, son mode de distribution et jusqu‘à son modèle économique, sur le support numérique, en n’accordant pas une place primordiale à l’innovation et à l’imagination, les principaux acteurs du monde de l‘édition se sont engagés dans une voie sans issue.”

Artículo completo

3 Xavier Badosa - 31/05/10 a las 14:53:04

> el Epub es el MP3 de los libros

Como bien dices hay que matizarlo bastante. Es peligroso comparar el binomio música/MP3 (o sonido/MP3) con el binomio libro/ePub: mientras que la música es una forma de expresión artística (o más, en general, el sonido, una sensación), el libro es más bien un soporte que ha servido para comercializar una gran diversidad de contenidos: desde la guía telefónica o una enciclopedia hasta una partitura o un cómic.

Por eso, todo lo que era música (o sonido) puede ser almacenado adecuadamente en un MP3 (y digitalizar la música puede consistir en eso mismo precisamente). En cambio, no todo lo que contenía un libro tiene sentido convertirlo en un ePub (no siempre digitalizar el contenido de un libro consiste en eso).

Además, como formato de distribución, el epub sólo es, en su estado actual, un contenedor de un subconjunto limitado de las tecnologías de la WWW (por cierto, se están desarrollando otros contenedores menos limitativos como .crx

http://code.google.com/chrome/apps/docs/developers_guide.html

).

Más sobre las limitaciones de ePub en relación con la literatura digital en:

http://www.slideshare.net/badosa/the-future-of-books-digital-literature-market

4 Jordi - 01/06/10 a las 10:21:25

@Xavier: gracias por la puntualización y los enlaces. Está claro que no se puede comparar la música con los libros, ni siquiera con otras formas de expresión artística, aunque solo sea porque es la única en que la materia es indistinguible de la forma (Pater dixit). Lo que quería decir es solo que, tal como el formato de fichero descargable que se ha impuesto para la música es el mp3 aunque existen otros como ogg, flac, etc., en el libro esta elección es el epub.

Otra cosa, como bien señalas, es que los epubs lo resuelvan todo o sirvan para todo en todos los casos. Está claro que no es así, y aprovecho para recomendar de nuevo tu excelente presentación Por qué los ebooks no son el futuro del libro, donde entras con más detalle en el tema.

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