Qué hacemos con los epubs ::

Publicado el 31/05/10

Ahora que un cierto número de editores españoles está empezando a experimentar con la producción de libros digitales en formato .epub, algunos empiezan a temer que en un futuro próximo, con libros en la nube, modelos de suscripción y pay-per-view, este esfuerzo resulte vano y tengan que empezar de nuevo con otros formatos.

En la medida en que los libros digitales entendidos como un fichero descargable tengan un futuro —y estoy seguro de que lo tienen, porque responden a necesidades específicas que un libro streaming no puede cubrir—, el formato de referencia es el epub, lo seguirá siendo en un futuro previsible y en estos momentos no se vislumbra ningún formato alternativo para uso mayoritario. Cualquier dispositivo de lectura que quiera introducirse en el mercado está preparado para leer epubs: el iPad, por ejemplo.1

El formato para el libro digital es el epub. Recordemos que un epub es en esencia un conjunto de ficheros HTML y CSS, es decir, los estándares sobre los que está construida toda la World Wide Web, y eso hace que resulte un formato adaptado “genéticamente” al entorno de Internet. Otra cosa es la estrategia de las editoriales.

La digitalización en España ha empezado, más o menos tímidamente, con la aparición de las plataformas digitales que prometen al editor un nuevo canal de venta. Lógicamente, para ser atractivas estas plataformas deben ofrecer producto, y es la necesidad de “llenarlas” lo que impulsa en estos momentos la producción de epubs.

Sin embargo, como señalaba en un artículo anterior, el modelo de negocio en que se basan estas plataformas es básicamente el mismo que el modelo tradicional del libro en papel.

En efecto, los autores se buscan un agente, los agentes tratan con el editor, el editor tiene sus distribuidores y los distribuidores colocan el producto en el punto de venta donde lo adquiere el consumidor final. Y aquí no cambia nada.

O mejor dicho, cambia lo justo para que no cambie nada. Cambian los distribuidores, es verdad, pero esto es accidental: podrían haber sido los mismos de antes.

Lo que por cierto no cambia en este modelo es la consideración del propio libro, que se sigue pensando en términos de producto, con una lógica de “ladrillos y cemento” que poco tiene que ver con la naturaleza de Internet.2 Y por lo tanto, tampoco cambia el proceso de producción, que sigue siendo el tradicional.

En efecto, los editores están obteniendo sus epubs mediante un proceso de retrodigitalización a partir de los archivos digitales creados para la imprenta (InDesign o PDF), como muestra la ilustración:

Flujo de retrodigitalización

Lo que vemos aquí es que la producción se orienta primordialmente a la imprenta; más que un producto, la versión digital es de hecho un subproducto del proceso original.

Con la retrodigitalización, los editores se están internando en un territorio que todavía les resulta extraño y, como es natural, intentan formarse los criterios necesarios para avanzar por el mismo con cierta seguridad. ¿Son iguales todos los epub? ¿Con qué criterios debe juzgarse un fichero epub?

La respuesta dependenderá en gran medida del uso que se quiera dar a ese epub. Si no sabemos cómo vamos a usarlo, nunca podremos saber si sirve.

Y como eso no está muy claro, uno de los primeros criterios que están aplicando los editores es el del coste, que la “conversión” 3 resulte lo más barata posible. Es una aspiración lógica y legítima, siempre que el resultado final se ajuste a las necesidades previstas.

Otro criterio es que el epub se presente bien en el mayor número de pantallas y dispositivos. Aquí hay que ser conscientes de que algunos libros responderán bien a este criterio, mientras que en otros casos (libros académicos, por ejemplo, u obras con tablas, ecuaciones o estructuras complejas) resultará imposible obtener un epub que se vea bien en cualquier dispositivo, y habrá que realizar distintas versiones o elegir una forma de presentación determinada y olvidarse de otras.

Algunos esperan que el libro digital se parezca lo más posible a la edición en papel; otros empiezan a diseñar libros de estilo para sus ediciones digitales.

Algunos consideran que cualquier epub es bueno si se presenta bien en su pantalla o pantallas preferidas; otros comprueban que se ajuste a las especificaciones del IDPF validándolo con alguna herramienta como EpubCheck. De hecho, ya hay algún distribuidor digital que exige esta validación previa antes de aceptar un libro.

Aún no he conocido a ningún editor que se preocupe por cosas como el DTD del XML utilizado —XHTML estricto es una buena elección—, o por el nivel de granularidad de ese XML, seguramente porque todavía no se han planteado usos para el libro digital en que la granularidad desempeñe ningún papel.

Creo que en estos momentos lo más práctico no es tratar de resolver cuestiones que todavía no se han planteado, sino adoptar un enfoque abierto que permita ir resolviendo esas cuestiones cuando lleguemos a ellas.

Porque lo que es seguro es que irán surgiendo nuevos problemas y necesidades, y la manera de resolverlos cuando se presenten debe responder a una estrategia editorial. No es en absoluto un tema “de informáticos”.

Estamos en un momento en que un buen número de editores ha empezado a digitalizar su catálogo —unos poco a poco y con cautela, otros más decididamente— y es de suponer que en unos meses tendremos a nuestro disposición un volumen respetable de libros digitales.

¿Qué ocurrirá, entonces, cuando se quiera publicar una edición ampliada o corregida de alguno de estos libros? De la manera en que se están haciendo las cosas, habrá que tratarlo como un libro nuevo y volver a “convertirlo” otra vez.

¿Qué ocurrirá cuando Amazon abra su mercado a los países de habla española y haya que proporcionar los libros en formato .mobi para entrar en ese canal? Pues habrá que volver atrás, olvidarse de los .epubs y volver a “convertir” los ficheros de InDesign partiendo de cero.

Ahora mismo se está trabajando en la versión 2.1 del formato, que soportará estándares como HTML5, CSS3 y quizá también otros como ONIX (el estándar utilizado por DILVE), RDF o PRISM… Y sin duda los dispositivos de lectura seguirán evolucionando y añadirán nuevas capacidades. Si el día de mañana un editor quiere actualizar sus epubs para aprovechar todas las posibilidades del formato, ¿qué deberá hacer?

Exactamente. Volver a “convertir” los libros partiendo de cero.

En resumen, yo diría que el enfoque que se está aplicando actualmente para producir los epubs sirve más que nada para salir del paso con las plataformas de distribución digital y empezar a experimentar un poco. Ya es algo, por supuesto, y es bueno que se haga, pero habría que mirar más allá y empezar a pensar en soluciones que nos dejen el mayor margen de maniobra ante futuras necesidades.

El problema de fondo es que, aunque el epub sea digital, todo lo demás (producción y comercialización) no lo es. La estructura editorial sigue orientada exclusivamente a la imprenta, a producir y vender libros de papel.

Esto tiene que cambiar.

Mientras el sistema de producción esté al margen de Internet y basado en ficheros, no en bases de datos, nos seguiremos encontrando con los mismos problemas.

En primer lugar, aún suponiendo que InDesign mejore mucho su capacidad de exportar en formato epub —y hablo ahora de las novedades, no del fondo—, dudo que un proceso de exportación a partir de un documento para imprenta pueda proporcionar un resultado satisfactorio.4

Segundo, aunque los epubs “exportados” fueran tan buenos como los que se están convirtiendo ahora para llenar las plataformas, seguiríamos estando en el ámbito de la edición para papel y la retrodigitalización con todas las carencias que eso conlleva.

Creo que la mayoría de los editores empieza a ser consciente de estas limitaciones y entiende que la respuesta está “en el XML” y en “la producción digital”. Sin embargo, y aunque algunos puedan estar más avanzados, todavía existen muchas dudas sobre qué significa esto exactamente y, en particular, cómo se puede aplicar en la práctica.

En un próximo artículo trataré de aclarar estos conceptos y describiré un sistema de producción basado en XML que responde a las exigencias tradicionales de la edición en papel y a los nuevos retos y posibilidades de la edición digital.

 

Notas

1. Otra cosa es que Amazon imponga su propio formato y que por razones comerciales nos interese soportarlo, pero mobi es un formato propietario exclusivo para el Kindle, no es un estándar.

2. He llegado a pensar que, en realidad, la insistencia en el DRM no responde (o no principalmente, al menos) a la intención de impedir la piratería, un fin para el que resulta más bien ineficaz, sino que es un requisito impuesto por la lógica de este modelo de negocio.

3. Escribo “conversión” así, entre comillas, porque me parece un término poco adecuado y hasta con reminiscencias místicas o mágicas: quizá las calabazas se conviertan en carrozas, pero, como muchos editores han descubierto ya, un libro maquetado para la imprenta no se convierte sin más en un epub satisfactorio.

4. También Word tiene una opción de “exportar como PDF”, mucho más rápida y barata que una maquetación con Quark o InDesign, pero a ningún editor se le ocurre producir de esta manera sus PDFs para imprenta


Publicado por Jordi Mustieles - 31/05/10

Comentarios [4]

1 jcantero - 31/05/10 a las 22:11:53

“[…] y describiré un sistema de producción basado en XML […]”

Hmmm, ¿te refieres a docbook? Podría ser un buen punto de partida.

2 Krigan - 31/05/10 a las 23:25:08

Excelente artículo.

La ficción es de lejos el grueso del mercado del libro, y ahí no hay mucho problema. La mayoría de los libros de divulgación científica, así como los de ensayo y filosofía tampoco deberían suponer mucha dificultad. En un libro de Matemáticas, por supuesto, las cosas cambian un montón.

Para el grueso de los libros el principal problema que le veo consiste en decidir cómo tratar las notas a pie de página. ¿Un subíndice (o superíndice) que sea un enlace como has hecho con este artículo? ¿Un enlace contenido en el texto principal al estilo de la mayor parte de las webs? ¿Otra solución que procure que el texto de la nota esté en un cuadro cercano al texto principal asociado?

La solución más cómoda para el editor es la tuya, y es razonablemente buena. La mejor solución para el lector es la segunda (salvo para libros eruditos, que los lectores tal vez prefieran los subíndices por su estética retro), pero requiere tratar manualmente cada enlace para decidir qué palabras forman parte de él. La tercera opción es sólo para nostálgicos de los libros divididos en páginas, pero tal vez esos nostálgicos sean numerosos al principio.

Más aún, los lectores de libros eruditos pueden preferir ahora la primera opción, y decantarse dentro de unos años por la segunda, cuando ya se hayan acostumbrado al uso de enlaces “normales”, sin subíndices y similares. ¿Repetimos dentro de unos años parte del trabajo que ya hemos hecho?

El seguir desde el principio un método apropiado para la creación del libro evitaría estos problemas. Haciendo las cosas bien desde el principio, darle a las notas el tratamiento que se desee para cada edición es solamente cuestión de elegir y pulsar el correspondiente botón.

Otra cuestión más. Cuando los escritores aprendan a escribir webs, en lugar de escribir páginas con el Word, ¿se necesitarán un editor y un maquetador? En realidad el concepto de página está obsoleto, sólo tiene sentido si vas a imprimirlo en hojas de papel.

3 Jordi - 01/06/10 a las 09:44:29

@jcantero: No pensaba en DocBook. DocBook es un esquema XML (originalmente un DTD) que se utiliza para libros digitales. En Soybits preferimos XHTML y CSS como esquema XML para la digitalización de libros, porque creemos que presenta los costes de producción más bajos y proporciona el máximo valor de futuro para cualquier tipo de contenido.

Yo me refería más bien a un conjunto de aplicaciones alojadas en un servidor web como herramienta para la producción en distintos formatos, la gestión de los activos digitales y la difusión de los libros. Ya me extenderé más otro día.

@Krigan: gracias por tu interesante comentario. Respecto a la cuestión de las notas, probablemente un enlace normal de texto sea la opción más cómoda para quienes tengan la costumbre de leer webs; sin embargo, pienso que las notas digamos clásicas tienen un punto a su favor, que es la “referenciabilidad”, o sea la posibilidad de identificar y citar la referencia.

El libro impreso ha tenido mucho tiempo para perfeccionar sus mecanismos, y aquí aún estamos tratando de encontrar las mejores prácticas.

En cuanto a lo de si se necesitarán editores y maquetistas… Si por editor te refieres a alguien que revise y dé forma al texto, creo que seguirán siendo necesarios. Los maquetistas… bueno, una maquetación (no necesariamente en formato página, por supuesto) siempre será necesaria. A lo mejor son sustituidos por diseñadores de plantillas y hojas de estilo que después se apliquen a cada colección. Queda mucho por ver y por hacer.

4 Xevi - 23/08/10 a las 08:59:42

Muy buen artículo, sí señor.

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