Balcells vende derechos digitales ::

04/01/09. Leer el artículo original en El Periódico.

Leemos en un artículo de Ernest Alós en El Periódico, dedicado a los “libros electrónicos”, que la agencia literaria de Carmen Balcells ha llegado a un acuerdo con Leer-e para comercializar libros de sus autores en formato digital “sin pasar por las editoriales que los publican en papel pero no disponen de los derechos electrónicos”.

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Según Ignacio Latasa, director de Leer-e:

Es una avanzadilla de un proyecto muy ambicioso de lanzamiento del libro electrónico. El acuerdo con la señora Balcells incluye otros 120 títulos que están en cartera para después de Navidad.

La noticia es muy significativa y bien podría marcar un antes y un después en la estrategia comercial de las editoriales españolas, que hasta ahora no han demostrado un interés serio por el mercado digital.

Esta falta de interés puede justificarse hasta cierto punto por la confusión que aún rodea al libro digital, como se refleja en un comentario de Santos Palazzi, de Planeta, cuando se pregunta cuál será el IVA de los libros digitales o si se les aplica el precio fijo, cuestiones que quedan resueltas en la legislación vigente.

Ciertamente, la situación no deja de ser confusa, pero más que “una fase inicial de confusión”, como señala Riccardo Cavallero de Random House Mondadori, casi pienso que nos tendremos que ir acostumbrando a funcionar en un entorno de mayor vaguedad y cambio constante.

En cualquier caso, en una apostilla al mismo artículo se hace una afirmación que ya hemos visto antes y que nos parece sumamente dudosa, en cuanto que da pie a conclusiones muy equivocadas:

Las editoriales ya tienen sus libros digitalizados. Pero aún no hay acuerdo sobre qué formato se impondrá.

guia de lectores ebook

En primer lugar, muchas editoriales tienen buena parte de su fondo en fotolitos o incluso en papel, y su digitalización no es una tarea trivial.

Pero, sobre todo, los títulos más modernos que ya están “en formato digital” son simplemente ficheros de Word o PDFs generados con Quark o InDesign, y a estas alturas no se puede creer que un PDF para imprenta sea un “libro digital”.

Sería muy cómodo, pero simplemente no es así, como queda claro en la segunda parte de la frase: “no hay acuerdo sobre qué formato se impondrá”.

Para poder comercializar su catálogo en los formatos digitales de hoy y del futuro, a los editores aún les queda trabajo por delante.

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Publicado por Jordi Mustieles - 04/01/09

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Comentarios [3]

1 Juan Luis Chulilla Cano - 05/01/09 a las 12:40:35

Una puntualización: creo que la conversión a algún formato-e (epub, mobipocket, etc.) es el chocolate del loro para las editoriales, teniendo en cuenta los beneficios que van a obtener. Si parten de archivos .doc o .pdf, es completamente trivial (lo es para un usuario final, no te digo para un departamento TI con recursos), convertir fotolitos tampoco presenta una dificultad o costes destacables. Precisamente por la calidad que tiene el fotolito, su paso por OCR tiene un alto porcentaje de éxito asegurado. Y como se puede imprimir, se puede automatizar la digitalización mediante un alimentador de hojas (compárese esto con las dificultades que tiene un proyecto de digitalización de libros ENCUADERNADOS).

El principal problema, como señalas, es la fragmentación del sector. Pero es un problema relativo. Una vez superada cierta sensación de miedo e incertidumbre, lo suyo sería apostar por varios formatos y plataformas de venta, de tal manera que los ebooks pudieran alcanzar al máximo de lectores, con independencia del lector que dispusieran para dar cuenta de sus ebooks.

2 Jordi Mustieles (Comentario del autor) - 05/01/09 a las 19:46:03

Hola, Juan Luis, gracias por tus observaciones.

Estoy de acuerdo contigo en que convertir un .doc, y con más razón un .odt, en un .epub no presenta excesivas dificultades en principio, siempre que hablemos de libros tipo novela, de texto corrido y con pocas ilustraciones.

La cosa está en que ahora mismo hay unos cuantos formatos que tener en cuenta, y no sabemos los que habrá pasado mañana. Si añadimos los teléfonos móviles y probablemente otros dispositivos multifuncionales, que en mi opinión van a ser una plataforma de lectura con más potencial que los lectores dedicados, la situación se complica: es posible que haya que pensar en libros-aplicación más que en ficheros para una aplicación determinada.

Y todo esto sin renunciar a la lectura vía web en un navegador, con las posibilidades “sociales” que conlleva.

Si además queremos añadir metadatos a los libros, si queremos aplicarles una presentación distinta según el sistema de lectura, y que cada bloque de contenido (por ejemplo, cada capítulo) tenga su identidad para poder localizarlo e incluso venderlo individualmente, y que el contenido sea accesible tanto por las personas como por otros servicios automáticos… el tema se va complicando.

Para tratar de evitar gastos adicionales dentro de un tiempo, y mientras no dispongamos de nuevos procesos de producción que no estén orientados exclusivamente a la imprenta, creo que cualquier intento de digitalización debería plantearse de manera que ofrezca las mayores posibilidades de uso futuro manteniendo al mismo tiempo unos costes de producción lo más reducidos posible.

Esto pasa seguramente por utilizar alguna especie de XML como formato base, y aquí ya entraríamos en otra discusión. No digo que digitalizar un catálogo sea un trabajo de Hércules, pero trivial, trivial, tampoco me lo parece.

3 Juan Luis Chulilla Cano - 06/01/09 a las 02:23:40

Pues me sigue pareciendo un problema menor. La diferencia fundamental es si existe DRM o no, y DRM es algo que se aplica CUANDO está listo para que llegue al lector, no en un primer momento. Dado que los formatos más populares hoy en día son XML, la transformación en sí es trivial y anima, creo, a mantener el máximo número de frentes abierto posible.

Otra cosa es el lector en sí. Como early adopter del lector de ebooks que soy, entiendo que toda solución que no pase por una pantalla electroforética es una solución de segunda fila, tanto si se trata de la de un móvil como la de un portátil o sobremesa. Por más que una versión “social” de los libros pudiera tener su interés, palidece ante el cansancio que produce la lectura prolongada en pantallas con retroiluminación.

Pero vuelve a ser secundario: lo único que importa es que el dispositivo de lectura pueda renderizar los formatos. Si los formatos no son físicos, se adaptan ellos solitos al tamaño de pantalla. Si lo son (pdf, fundamentalmente), está la solución del reflush, misteriosamente olvidada pero que yo ya usaba en un viejo y querido clié. Esta solución es un añadido, y los resultados no suelen estar a la altura de los formatos que no sean físicos.

Yo creo que hay problemas más fundamentales que los tecnológicos. La fragmentación que comentas es un problema ante todo de perspectiva: el mercado es demasiado pequeño y no hay caballo ganador por el que apostar. Eso, unido al miedo pánico al efecto MP3, creo que es lo que está provocando el retraso de la entrada de nuestras editoriales al ebook.

La pregunta del millón sería si el miedo al efecto MP3 es superable gracias a algún sistema de DRM, y a qué coste para los lectores.

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