Hacia un nuevo mercado ::

13/02/08. Leer el artículo original en Newgeek Magazine.

Un artículo de Alberto Cano publicado en NEWGEEK magazine: El Futuro de los Libros – -

El libro digital es una realidad inminente. Existe la tecnología adecuada para poder leer igual que en el papel. Existen ya diversos modelos de lectores para escoger, y ya están disponibles en España. Existen miles de ebooks de toda clase, y este año empezaremos a ver lanzamientos simultáneos en ambos formatos. Por lo tanto, sólo falta una cosa: la reacción del público. Y 2008 puede ser un año clave en ese sentido. El lanzamiento de Kindle por parte de Amazon, y su estudiado ruido mediático, ha puesto las cosas sobre la mesa, dirigiendo todas las miradas a este nuevo mercado. Pero, ¿podemos trasladar al mercado digital los mismos modelos que funcionan ahora con el papel?

Una diferencia fundamental entre el libro de papel y el libro electrónico es el coste unitario. Cualquier libro de papel tiene un coste inevitable. Y ese coste se multiplica en todas y cada una de las copias impresas, se vendan, o no. Es más, las copias no vendidas suponen un gasto adicional en stocks. A esto se suma el modelo de distribución actual. El libro pasa por varios intermediarios antes de llegar al público, y esto repercute en un precio elevado en el producto final. Si un libro se vende, por ejemplo, a 18 euros, alrededor del 50% se pierde en esa cadena de intermediarios. Por lo tanto, al productor del libro, la editorial, le quedan unos 9 euros, de lo que debe descontar el coste del libro (papel, impresión, costes de edición y regalías). Pongamos que ese coste ronde los 3 euros, así que quedarían unos 6. Y con esos 6 hay que amortizar, además, el coste de los libros impresos que no llegaron a vender.

En una edición digital, el editor no necesita vender el libro a 18 euros para ganar 6. En primer lugar, porque puede cambiar toda la cadena de valor. Y, especialmente, porque desaparece el coste unitario. En una edición digital, una vez recuperado el coste de la edición, tiene el mismo coste vender mil ejemplares que 1 millón. No hay diferencia. No hay más papel, ni más impresiones, ni más costes de distribución. No hay un coste por copia. Y eso debe reflejarse en el precio final.

Si los editores intentan trasladar al mercado digital los precios actuales, corremos el peligro de dejar el mercado en manos de las redes P2P. Ya hemos visto una y otra vez cómo los usuarios crean por sí mismos un mercado cuando éste no les da lo que están demandando. Lo hemos visto en la industria musical y cinematográfica. Y hemos visto algunos casos ya en el mercado editorial. ¿No podemos comprar Harry Potter en castellano? Pues lo traducimos nosotros mismos. No se trata de atacar al mercado, sino de conseguir lo que quieren. Y los editores, el mercado en general, debe adelantarse esta vez a los acontecimientos. Hay que aprender de experiencias anteriores y no cometer los mismos errores.

La desaparición del coste por copia puede llevar también a modelos de negocio alternativos. Por ejemplo, el modelo por suscripción. En un mercado digital, podría tener más sentido el pago de una suscripción periódica con libre acceso a todo el fondo editorial, que un precio unitario poco justificado. ¿Estarán dispuestos los lectores a pagar 18 o 24 euros por un bestseller? ¿Tiene sentido? ¿No sería más práctico descargarlo gratis en redes P2P? Los usuarios ya no están indefensos. Si tiene el mismo coste vender mil que un millón, el precio de una novedad debe reflejar esa realidad, o el mercado se irá a otra parte. Un bestseller podría venderse fácilmente por 3 o 6 euros y tener el mismo beneficio, si no mayor, que en el mercado actual. O descargarse sin coste adicional en el modelo de suscripción. O bien una combinación de ambos factores: acceso libre a todo el fondo editorial a suscriptores, y precio reducido para las novedades, manteniendo un precio mayor (pero razonable) al resto de lectores, más eventuales. Y no olvidemos el interesante modelo del alquiler…

Aunque los libros se protejan con DRM, sabemos que este sistema no es infalible. Si no queremos que el lector acabe descargando los libros en P2P, debemos crear un mercado razonable, competitivo y coherente con el entorno digital. Por otra parte, hay una diferencia importante entre el libro digital y la música o el cine. Y es que una canción, o una película no cambia, pero… ¿Qué seguridad tendría el lector a la hora de descargar un libro digital pirata? Podrían ponerse en circulación cientos de versiones alteradas, y nadie lo sabría hasta llegar a esta o aquella página que está alterada o ha desaparecido. Una maniobra un tanto maquiavélica pero también probable. Si el lector puede acceder a contenidos legales a un precio razonable, no dudará en pagar por un servicio práctico y seguro antes de acceder a redes incómodas y de contenido dudoso. Apple ha demostrado, en el mercado musical, que otro modelo es posible. Con cuatro mil millones de canciones vendidas a 99 céntimos, queda demostrado que lo que quiere el consumidor no es una alternativa ilegal gratuita, sino un servicio práctico, cómodo, y con precios acordes al producto real.

Cambian las formas, pero los libros seguirán siendo libros. Historias, aventuras, dramas, ideas. Seguirán siendo necesarios los editores, e incluso tienen cabida los libreros si saben crearse un hueco. El futuro del libro está en manos de los editores. Pero no se duerman. Podrían no ser imprescindibles.

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