La economía de los ebooks gratuitos ::

10/08/09. Leer el artículo original en Craphound.

Un artículo de Cory Doctorow

Cory Doctorow (craphound.com) es un novelista de ciencia ficción, blogger y activista de la tecnología. Es coeditor de Boing Boing, uno de los blogs més famosos de Internet, y ha escrito para Wired, Popular Science, Make, el New York Times y muchos otros periódicos, revistas y webs.

Publicado originalmente en Locus Magazine, este artículo aparece incluido en Content, una colección de “ensayos selectos sobre la tecnología, la creatividad, el copyright y el futuro del futuro” que se puede comprar en su versión impresa o descargar gratuitamente en distintos formatos digitales, bajo una licencia de Creative Commons tipo Reconocimiento–No comercial–Compartir bajo la misma licencia.

Como nos ha parecido que su lectura podría ser de interés para los autores y editores de lengua española, en Soybits hemos realizado esta traducción que necesariamente se acoge a los mismos términos, por lo que cualquiera puede utilizarla como desee siempre que: a) deje constancia de su autoría, b) no haga un uso comercial y c) el trabajo resultante se publique con estas mismas condiciones.

La economía de los ebooks gratuitos

¿Es posible que la distribución gratuita de libros digitales haga aumentar las ventas de los libros impresos? Creo que sí. Como expliqué en un artículo anterior, no creo que la mayoría de los lectores desee leer obras largas en una pantalla de ordenador, y no creo que quieran leer jamás una obra larga en una pantalla. Como digo en ese artículo, el problema de la lectura en pantalla no es la resolución, el cansancio de la vista ni la compatibilidad con leer en la bañera; el problema es que los ordenadores son seductores, nos tientan a hacer otras cosas, y eso hace que concentrarse en una obra larga resulte poco práctico.

Por supuesto, algunos lectores tienen el punto cognitivo necesario para leer obras largas en una pantalla o se sienten motivados para hacerlo a causa de otras circunstancias (como estar tan arruinados que no pueden comprar el libro impreso). La pregunta racional no es “¿Voy a perder ventas si regalo la versión digital?”, sino más bien: “Si regalo la versión digital ¿voy a ganar más ventas de las que pierdo?”

La pregunta racional no es “¿Voy a perder ventas si regalo la versión digital?”, sino más bien: “Si regalo la versión digital ¿voy a ganar más ventas de las que pierdo?”

Resulta muy difícil evaluar esta cuestión de forma cuantitativa. Un libro no es un café con leche ni un jersey hecho a máquina: cada libro se vende (o no se vende) por causas particulares y específicas de ese título. Cuesta imaginar un estudio empírico y controlado en el que se publiquen dos libros “equivalentes” y uno de ellos esté también disponible como descarga gratuita mientras que el otro no, de manera que la diferencia en las ventas “demuestre” si los ebooks perjudican o favorecen las ventas a largo plazo.

Yo he ofrecido todas mis novelas como descargas gratuitas al mismo tiempo que aparecía el libro impreso. Si tuviera una máquina del tiempo, podría volver a publicarlas sin la descarga gratuita y comparar las liquidaciones de royalties. Como no la tengo, me veo obligado a sacar conclusiones a partir de evidencias cualitativas anecdóticas, y de esas tengo muchas:

  • Muchos escritores han probado a lanzar versiones digitales gratuitas al mismo tiempo que lanzaban la versión impresa. Hasta donde yo sé, todos los escritores que lo han intentado han vuelto a repetir el experimento en obras sucesivas, lo que sugiere un alto grado de satisfacción con los resultados.
  • Un escritor amigo mío publicó su primera novela al mismo tiempo que yo. Escribimos un material semejante y la crítica suele compararnos. Mi primera novela tenía descargas gratuitas, la de él no. Cuando comparamos las cifras de ventas, vimos que la mía funcionaba sustancialmente mejor que la suya, y posteriormente convenció a su editor para que le permitiera hacer lo mismo.
  • La editorial Baen Books tiene una idea bastante exacta de las ventas previsibles para cada nuevo título de una serie, ya que han vendido muchas series de este tipo y disponen de datos abundantes para hacer sus cálculos de ventas. Si el volumen N vende X ejemplares, calculamos que el volumen N+1 venderá Y ejemplares. Esta editorial declara que han observado un incremento claro en las ventas tras la publicación de versiones digitales gratuitas de sus títulos anteriores y actuales.
  • David Blackburn, doctorando en economía en la universidad de Harvard, publicó un estudio en el 2004 en el que calculaba que, en el caso de la música, la “piratería” resulta en un incremento neto de las ventas para todos los títulos situados por debajo del percentil 75, un cambio negligible para una “clase media” de títulos situados entre los percentiles 75 y 97 y un pequeño descenso entre los “super ricos” del percentil 97 hacia arriba. El editor Tim O’Reilly describe este efecto de la piratería como un “impuesto progresivo” que permite una pequeña redistribución de la riqueza hacia la vasta mayoría de los títulos, sin afectar a la zona media y con un pequeño coste para unos pocos superventas.

Hablando de Tim O’Reilly, hace poco ha publicado un estudio cuantitativo detallado sobre el efecto de las descargas gratuitas de un título concreto. O’Reilly Media publicó Asterisk: The Future of Telephony en noviembre del 2005, acompañado de una versión digital gratuita. En marzo del 2007 ya tenían una imagen bastante clara del ciclo de venta de este libro, y, gracias a métricas estándar de la industria como Bookscan, pudieron compararlo con los resultados de títulos competidores que trataban el mismo tema.

La conclusión de O’Reilly: las descargas no causaron un descenso en las ventas y parece que produjeron un aumento. Esto es particularmente digno de tenerse en cuenta porque el libro en cuestión es una obra de referencia técnica, dirigida exclusivamente a programadores que, por definición, están dispuestos a leer en pantalla. Además, al ser una obra de referencia es probable que resulte más útil en forma electrónica, que permite realizar búsquedas.

En mi caso, mis editores han reeditado varias veces mis libros. Las tiradas de cada edición son modestas —soy un escritor de tiradas medias en un mundo en que las tiradas medias son cada vez más pequeñas—, pero los editores imprimen lo que creen que van a vender, y están vendiendo más de lo que calculaban.

Las nuevas oportunidades que me han proporcionado las descargas gratuitas son tan numerosas que casi no pueden contarse: contratos con editores extranjeros, licencias para comics, conferencias, artículos… He ganado más dinero con estos mercados secundarios del que gano en royalties.

Más anécdotas: literalmente miles de personas se han dirigido a mí por correo electrónico, en presentaciones y convenciones, y me han dicho “Encontré un libro tuyo gratis en la red, me enganché y empecé a comprar tus obras”. En cambio, he recibido exactamente cinco correos electrónicos de gente que me decía “Eh, burro, gracias por el libro gratis, ahora no tengo que comprarlo, ja ja”.

Muchos hemos supuesto a priori que los libros electrónicos vienen a sustituir los libros impresos. Aunque no dispongo de datos cuantitativos controlados para refutar esa suposición, sí tengo una amplia experiencia en estas cosas y toda esa experiencia me induce a creer que regalar mis libros está haciendo que se vendan muy bien.

Más importante, los escépticos de los ebooks gratuitos no tienen ninguna evidencia que aportar en apoyo de su posición; solo retorcimiento de manos y murmuraciones oscuras acerca de un futuro mitológico en el que los amantes de los libros renuncian a sus ejemplares impresos en favor de dispositivos electrónicos (frente a un futuro mucho más verosímil en que los amantes de los libros siguen comprando sus objetos fetiche y además llevan consigo los libros en sus dispositivos electrónicos).

Yo empecé a regalar ebooks tras haber sido testigo de los primeros días de la escena de los bookwarez, en que los fans cortaban el lomo de sus libros favoritos, los escaneaban, los pasaban por un programa de reconocimiento óptico de caracteres y los corregían a mano para eliminar los errores de digitalización. Estos fans podían dedicar tranquilamente 80 horas para digitalizar sus libros favoritos, y solo digitalizaban sus libros favoritos, los libros que amaban y querían compartir. (El cálculo de 80 horas responde a mi propio intento de hacer lo mismo; seguro que los digitalizadores con práctica van más deprisa.)

Así que me dije que cuando mis libros llegaran al mercado estaría muy bien tener a mi disposición 80 horas de trabajo promocional gratuito. ¿Y si les diera a mis lectores ediciones canónicas limpias en formato electrónico y les ahorrase la molestia de digitalizarlas, para que pudieran dedicar ese tiempo a promover mi obra entre sus amigos?

Después de todo, tampoco es que exista ninguna manera imaginable de impedir a la gente que meta un libro en un escáner si eso es lo que quiere hacer. Los escáneres no van a volverse más lentos ni más caros. Internet no va a volverse más difícil de utilizar. Es mejor afrontar este desafío y convertirlo en una oportunidad que despotricar contra el futuro (soy un escritor de ciencia ficción; se supone que mi oficio es sintonizar con el futuro).

Los escáneres no van a volverse más lentos ni más caros. Internet no va a volverse más difícil de utilizar.

El momento no podía ser más oportuno. Justo cuando se publicaba mi primera novela, se lanzó un nuevo proyecto de alta tecnología para favorecer la transmisión de obras creativas: el proyecto Creative Commons (CC). CC ofrece una serie de herramientas que permiten marcar cada obra con las libertades que el autor quiera conceder. CC apareció en el 2003 y en la actualidad hay más de 160.000.000 obras publicadas bajo alguna de sus licencias.

Mi próximo artículo explicará con más detalle qué es CC, qué licencias ofrece y cómo se utilizan, pero de momento eche un vistazo a su web en creativecommons.org.

Cory Doctorow.


Publicado por Jordi Mustieles - 10/08/09

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Comentarios [4]

1 Bernat - 10/08/09 a las 11:20:41

Interesante… pero algo obsoleto. Acabo de leerme Código 2.0 de Lessig como primera lectura larga realizada con mi IREX DR1000. 500 páginas de una experiencia de lectura mejor que en papel, y eso que el trasto necesitaria más de un pulido (espero con impaciencia el nuevo invento de PlasticLogic). Por eso pienso que la propuesta de Doctorow es buena si (y sólo si): a/no cuelga toda la obra. Si lo hace, en cuanto se generalice el uso de lectores de e-books no verá un duro. b/si en tal caso, a parte de papel uno también puede comprar el libro on-line. Por qué tengo que ser tratado como un presunto delincuente? por qué no puedo disponer en la red de los libros que me compro en la libreria? Alguien cree que si aquellos a los que nos gusta leer dispusiéramos de la posibilidad de comprar desde casa y a mejor precio, nos molestariamos en buscar copias pirata de dudoso origen y calidad? yo no. I como yo, supongo que muchos… incluso es posible que comprara más libros, pues podria ir a la “libreria” en pijama y pantuflas, desde casa y menos protegido a la compra compulsiva… (suerte que las tarjetas de débito y crédito tienen límites…!!!)

2 Jaime - 11/08/09 a las 11:52:33

Bernat, parece mentira que seas una persona que le interesa la lectura o eso parece. Intenta corregir las faltas ortográficas en tu escrito. Hacen daño a la vista.
Un saludo.

3 Jordi Mustieles (Comentario del autor) - 11/08/09 a las 12:45:50

@Bernat:
pienso lo mismo. No cabe duda de que la generalización de los dispositivos de lectura cambiará el panorama que nos pinta Doctorow en este artículo.
Será interesante ver cómo responde, y qué nuevas iniciativas se le ocurren.

4 Joan - 11/08/09 a las 18:36:00

Perfecto!!!!
Por esto en nuestra empresa vamos a iniciar un proyecto en el que pondremos conjuntamente a la venta en las librerias E.books, libros fisicos e impresion bajo demanda.
¡Que decida el cliente final!
¡Con mas oferta mas negocio!

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