La velocidad del cambio ::

11/02/08. Leer el artículo original en Newgeek Magazine.

Un artículo de Jordi Mustieles publicado en NEWGEEK magazine: El Futuro de los Libros – -

A principios de 1996, si no recuerdo mal, visité una de las principales editoriales de Barcelona con el propósito evangelizador de explicarles qué era Internet y por qué debían empezar a tenerla en cuenta en sus estrategias. Por supuesto, aún no disponían de una web ni se habían planteado siquiera la posibilidad de tenerla.

En aquella reunión, después de demostrarles cómo funcionaba el correo electrónico, uno de los ejecutivos presentes dio más o menos la siguiente respuesta:

Sí, ya veo que el correo electrónico ofrece posibilidades muy interesantes para el uso personal, pero… no creo que sea adecuado para un uso profesional.

Desde entonces han pasado poco más de diez años, y en algunos aspectos parece que haya transcurrido una eternidad. A cualquier editor le parecería hoy descabellado tratar de realizar su trabajo diario sin utilizar herramientas basadas en las tecnologías de Internet como el propio correo electrónico, intranets de gestión interna y demás.

Es obvio que se han asimilado inevitablemente mejoras en la manera de trabajar, pero este es sólo un primer nivel de cambio, seguramente el más superficial porque es el menos transformador.

Además de cambios en la manera en que trabajamos, las tecnologías de Internet han provocado también cambios en la manera en que nos informamos, en que nos entretenemos y nos comunicamos. Cambios en la sociedad. Cambios en el mercado.

Para los editores, este segundo nivel de cambio afecta a una serie de cuestiones que tienen que ver sobre todo con la comunicación empresarial, y en este aspecto la realidad de la industria sigue anclada en gran medida en los supuestos y maneras de diez años atrás.

La primera llamada de atención la dieron Locke, Searls y Weinberger en 1999 con su Cluetrain Manifesto, que aún hoy sigue siendo de lectura obligada para los responsables de las organizaciones. Si usted lo es y no lo ha hecho aún, lea las “95 tesis” (también hay una versión en español).

Las tesis son discutibles, por supuesto, y no hace falta que esté de acuerdo con ellas, pero no le recomiendo que las ignore. Especialmente la primera, «los mercados son conversaciones», que nos invita a reflexionar sobre la forma en que la empresa concibe y practica su comunicación integral.

«Integral» en el sentido de que engloba una serie de aspectos que antes se abordaban de manera independiente, como «márketing» y «relaciones públicas», que en la era de la WWW pasan a constituir una sola disciplina.

Este es el segundo nivel de cambio y constituye el reto principal que se les plantea a los editores de hoy: aprender a gestionar sus comunicaciones —y en general sus relaciones en toda la red de valor— según criterios actuales.

Y si esto le parece muy vago, las consecuencias no lo son en absoluto. Podría afectar, por poner un ejemplo, a la manera de gestionar ese fondo editorial que hoy queda enterrado en el catálogo.

Queda un tercer nivel de cambio, más radical en tanto que más transformador, que ya se presenta en el horizonte: el cambio en el modelo de negocio. Nuevas tendencias que afectarán irreversiblemente a la industria editorial tal como hoy la conocemos o que desaparecerán sin dejar huella: la impresión bajo demanda, el libro electrónico, las novelas telefónicas que acaparan los primeros puestos en las listas de ventas del Japón… ¿Quién sabe?

De lo que sí podemos estar seguros es de que habrá cambios en el modelo editorial, en el papel del editor, en su forma de estar en el mercado. Y aunque podemos aprender de los cambios ya experimentados por otras industrias, como las del software, del cine o de la música, más allá de cierto punto no podemos extraer lecciones miméticas.

Pero si deja usted que esta incertidumbre le impida informarse y actuar, podría estar abandonando nuevas oportunidades de negocio o renunciando a segmentos de su mercado o incluso, en según que casos, poniendo en riesgo la viabilidad continuada de su empresa.

Después de todo, como nos advirtió Jack Welch:

Cuando la velocidad del cambio fuera es mayor que la velocidad del cambio dentro, el fin está a la vista.

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Publicado por Alberto Cano - 11/02/08

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