Los DOI y la fragmentación del libro ::

22/08/08. Leer el artículo original en Lekti-ecriture.

Traducimos un resumen de un artículo de Benoît Berthou en Lekti-ecriture sobre una iniciativa para utilizar un nuevo tipo de identificador en el mundo editorial francés cuya importancia para el futuro de la edición podría ser determinante si realmente llega a utilizarse.

El pasado julio se celebraron en París unas sesiones sobre el libro digital en cuyo transcurso se presentó un nuevo esquema para la reorganización de la base de datos de referencia de la edición francesa, que en la actualidad está completamente centrada en torno al libro impreso y sus identificadores habituales: autor, título, editor, ISBN

Este marco de referencia va a evolucionar para que pueda referenciar no sólo obras individuales, sino también conjuntos de obras (múltiples publicaciones que constituyen una unidad) y partes de obras (por ejemplo, capítulos o artículos en el caso de una obra colectiva), con lo que el libro en sí deja de ser la unidad de referencia. Es decir, bajo este nuevo modelo las búsquedas podrán efectuarse a partir de un identificador que no corresponde a ningún impreso en particular.

Para que esto sea posible se recurre a un Digital Object Identifier, o DOI, compuesto por un prefijo que identifica la autoridad nominadora y el editor más un sufijo que identifica el objeto: por ejemplo, 10.1000/123456. Estos identificadores los controla la International DOI Foundation, una organización sin ánimo de lucro, bajo un lema muy claro: “Se puede atribuir un DOI a cualquier objeto cuando se percibe la necesidad de presentarlo como una entidad por sí misma”.


Como puede verse, este nuevo tipo de código no tiene nada de anodino, pues pretende constituir una forma de unidad que no se basa en un soporte (como el papel de los libros o el carbono de los CDs, ya que el DOI puede utilizarse para objetos tanto “reales” como “virtuales”) ni en un tipo de información (se pueden referenciar textos, imágenes, sonidos, programas, secuencias…) ni en un objeto (un libro poseedor de un DOI puede estar compuesto por partes que también poseen un DOI, compuestas a su vez por subpartes con su propio DOI y así sucesivamente).


El interés de los DOI es evidente: al inscribirse en el tiempo (porque, a diferencia de los URLs constituyen un identificador permanente) y aplicarse a toda clase de objetos, permiten una mejor articulación entre los circuitos de la edición digital y en papel, e inauguran un modo de comercialización que podría constituir una tabla de salvación para una edición científica en agonía o para las revistas que pretenden vender sus artículos individualmente, como ya lo hace el portal Cairn.

Vía La Feuille


Publicado por Jordi Mustieles - 22/08/08

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