Una mirada desde Nueva York ::
18/09/08. Leer el artículo original en New York Magazine.
El New York Magazine de esta semana publica un extenso artículo de Boris Kachka sobre la industria editorial en Estados Unidos. Repleto de citas de numerosas fuentes, en él se abordan prácticamente todos los aspectos que actualmente preocupan a los editores norteamericanos.
Para que no quede lugar a dudas, el artículo se titula “El fin” (The End), y la entradilla reza: “La industria del libro tal como la conocemos no va a vivir feliz por siempre jamás. Con las ventas estancadas, los grandes editores meneando la cabeza, los autores de más renombre jugando a las sillas musicales y Amazon que empieza a parecer el nuevo coco, es posible que la edición tenga que buscarse un futuro fuera del mundo corporativo”.
A continuación entresacamos algunas citas.
“Es una época muy difícil. Yo mismo me siento más bien deprimido.” —Jonathan Galassi, presidente de Farrar, Strauss & Giroux.
La angustia sería soportable si solo fuera consecuencia de la economía de Bush: las ventas de las cinco principales editoriales aumentaron un 0,5% en el primer semestre, las ventas en librerías se estancaron en junio y se espera un descenso para el conjunto del año. Pero parece que el trastorno afecta a prácticamente todos los aspectos de la industria. Está la precariedad de los pocos editores semiindependientes de mediaño tamaño que todavía quedan; la carrera desesperada por convertirse en productores de ebooks; la apurada situación de Borders, el único competidor real de Barnes & Noble; la sensación de que se están gastando sumas escandalosas en libros mediocres; y Amazon.com, que a muchos editores les parece un monstruo hambriento de poder dispuesto a acaparar todo el negocio.
“Mantenerse no es una posición aceptable. Siempre se nos exige crecimiento” —Carolyn Reidy, CEO de Simon & Schuster.
[En los años noventa] unos cuantos títulos vendieron cantidades espectaculares, pero muchos más fracasaron, y en los últimos diez años ha habido que pagar la factura. Así que hoy los CEOs transmiten la orden: más superventas, y deprisita. Lo que conduce a subastas asesinas y adelantos cada vez más altos.
“Algunos dicen que no se promociona bastante el libro, y creo que eso es una tontería. Se hace la promoción que funciona, y ahora mismo no hay mucho que funcione” —Peter Miller, director de publicidad en Bloomsbury.
No importa la prensa, no importan las reseñas, no importa la publicidad. Nadie sabe dónde están los lectores ni cómo conectar con ellos. Hace quince años, Philip Roth calculaba que había como máximo 120.000 lectores serios en Estados Unidos, de los que leen cada noche, y que su número se reducía a la mitad cada decenio. Otros están en completo desacuerdo. Pero, ¿quién lo sabe, en realidad?
“No sabemos qué va a pasar con nuestra industria si Borders desaparece. Y eso es aterrador. No hay forma de esquivarlo” —Simon Lipskar, agente.
El grupo Borders, que controla entre el 10 y el 12 por ciento del mercado del libro, está en la agonía, lo que coloca a los editores en una posición aún menos envidiable ante las librerías. [ … ] Los editores también pagan por la colocación de sus libros en las grandes librerías, según un complicado acuerdo diseñado para disimular que es payola (o, según algunos, extorsión).
“El miedo a Google es una paranoia absurda. El miedo a Amazon es una preocupación bien informada por el propio interés” —Mike Shatzkin, asesor editorial.
¿Qué tiene de malo una empresa que sólo devuelve un 10% de los libros que encarga y puede acabar eliminando los costes de impresión? Bueno, no tranquiliza mucho que Amazon, que se ha lanzado a una orgía de compras (los impresores bajo demanda BookSurge; el website social Shelfari), mencione a los editores como competidores en su documentación para la SEC (Comisión del Mercado de Valores).
“Somos una industria más dispuesta a ver cómo se hunde el barco que a menearlo un poquito” —Un editor frustrado.
Mientras muchos esperan en su búnker, HarperStudio y algún otro se esfuerzan por abrir camino. En febrero pasado, Jane Friedman le preguntó a Bob Miller: “¿Qué harías si pudieras volver a empezar de nuevo?”. Miller respondió que intentaría reducir anticipos y devoluciones, publicar sólo unos pocos libros y concentrarse en promoción barata por Internet. “¿Y por qué no lo haces?”. En menos de una semana habían llegado a un acuerdo.
Vía Print is Dead
